Existen tantos tipos de viajes como tipos de viajeros y sabemos que no suele ser tarea fácil encontrar la ruta perfecta para ese viaje que llevas tiempo soñando con hacer. Lo hemos sufrido en primera persona más veces de las que nos hubiera gustado y en distintos viajes alrededor del mundo. Lo vivimos cuando descubrimos que nos sobraba tiempo en lugares demasiado turísticos que no despertaban nuestro interés y que finalmente resultaban ser más de lo mismo. Pero sobre todo, lo experimentamos cuando literalmente nos han tenido que arrancar de localizaciones absolutamente inolvidables en las que sin duda nos faltó tiempo para sumergirnos y bucear en la profundidad de su gente, como nos hubiera gustado hacerlo.

Los idealistas siempre estamos soñando. Y quizás esta fue una de las razones por las que decidimos que teníamos que conseguir que nuestros viajes, por encima de todo, fueran experiencias profundas. De esas que se quedan grabadas para siempre en la memoria del corazón y que sin haberlo planeado, se convierten en puntos de inflexión en la vida de nuestros viajeros porque, indiscutiblemente, un viaje puede cambiarte para siempre.

Sin embargo, cuando viajamos, a menudo deseamos amortizar a toda costa el tiempo y el dinero invertidos, pretendiendo conocer mucho en poco tiempo, saltando incluso demasiadas veces, por encima de leyes implícitas como el respeto y la convivencia, ambas imprescindibles para poder disfrutar de la hospitalidad local y posibilitar el acercamiento cultural entre nativos y viajeros.  Lamentablemente, esto se ha multiplicado por mil en la era del «selfie» donde al parecer, competimos absurdamente por demostrar  a toda costa que somos más felices cuantas más experiencias tenemos. No siempre somos capaces de darnos cuenta de que MENOS ES MÁS y de que impregnarnos de lo que estamos viviendo, tal y como lo estamos viviendo, es vital para que esa experiencia se quede a vivir en nosotros formando parte de lo que somos.

Para nosotros, viajar es otra cosa. Intentamos cada día abrir la mente como un paracaídas de colores y mantener permanentemente el corazón abierto de par en par, para empaparnos de la diversidad, la cultura y las incontables historias que coexisten lejos de nuestra rutina. Apostamos por diseñar viajes diferentes alejándonos, en la medida de lo posible, no solo de las habituales rutas turísticas siempre tan repetitivas, sino del obsoleto concepto de viaje de «aprovechamiento» en beneficio de los VIAJES EXPERIENCIALES, DE INMESIÓN CULTURAL Y DE CONVIVENCIA. 

Muchas veces nos preguntan si nuestros viajes son únicamente para fotógrafos y siempre contestamos lo mismo. En absoluto. Nuestros viajes son experiencias fotográficas tanto si tienes una cámara como si no. Las mejores fotografías a menudo son aquellas que únicamente se tomaron con el corazón y te llevas contigo para siempre. Indudablemente a nosotros la fotografía nos apasiona y es cierto que es nuestra «excusa» para viajar, convirtiéndose en inspiración que nos ha llevado a especializarnos en el diseño de este tipo de viajes. Todos aquellos que de una u otra manera son aficionados a la fotografía saben que es una disciplina que necesita tiempo, no solo para aprenderla, sino más para disfrutarla. En el Faro consideramos que el tiempo es un valor primordial a tener en cuenta a la hora de diseñar rutas, no solo para viajar despacio y practicar la fotografía documental o de naturaleza, sino sobre todo para conocer historias, acercar miradas y permitir que sea la experiencia, en sí misma, la que nos transforme para siempre. Ese es el auténtico viaje.

Si quieres saber más sobre nuestros viajes experienciales, tienes toda la información en www.elfaroexperienciasfotograficas.com

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